Sentirse en el borde de un precipicio y tener ganas de saltar... pero también miedo, nos pasa tan a menudo en la vida que normalmente no le damos importancia, hasta que si o si, te das cuenta de que la tiene.
Hoy yo estoy hay, en un acantilado al borde del mar, un mar lleno de gigantes olas de esas que encanta saltar... pero que te pueden arrastrar hasta lo más profundo... un acantilado al borde de un gigante campo, precioso si, pero repleto de bichos...
He decidido que prefiero que me arrastren las olas a que me piquen las arañas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario